DANIEL, EL PROFETA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.

DANIEL, EL PROFETA DE LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.

Daniel, (hebreo דָּנִיּאֵל,| Daniyyel, Dāniyyêl; siríaco: ܕܢܝܐܝܠ, Daniyel; árabe: دانيال, persa: دانيال, Dâniyal o Danial, también Dani, داني ; Danyal; griego: Δανιήλ, Dhanil; irlandésDainéal o Domhnall; turco: Danyal).

Es el protagonista central, y autor, del Libro de Daniel que forma parte de la Biblia.

Daniel era de familia real (1:3), un joven talentoso y bien educado (1:4).

Había sido llevado cautivo a Babilonia en el año 605 a. C. cuando Nabucodonosor derrotó a los egipcios en Carquemis y luego unos meses después pasó a Jerusalén para llevar cautivos junto con el botín.

En aquel tiempo Daniel tenía aproximadamente 20 años de edad, o tal vez unos 15 a 18 años.

Cuando menos vivió en Babilonia hasta el tercer año de Ciro, Rey persa, cerca de 536 a. C. (7:1; 8:1; 9:1; 10:1,2).

Se cree que nació en el tiempo de las reformas de Josías (621 a. C.).

Después de tres años de entrenamiento (1:5; compárense 2 Rey. 20:17,18; Isa. 39:7), sirvió de con­sejero político de Nabucodonosor, rey de Babilonia (1:1), de Beltasar (5:1), de Darío de Media (5:31), y de Ciro, rey de Persia (10:1).

Sus actividades públicas correspondían a su educación formal indicada en el capítulo.

Era estudiante de la palabra de Dios (9:1,2; compárense Jer. 25:11; 29:10).

Fuera del libro de Daniel, no sabemos nada acerca de su vida.

Daniel (605-536 a. C.) sirvió en la ciudad de Babilonia, mientras que Jeremías (626-586 a. C.) sirvió en Jerusalén, y Ezequiel (592-570 a. C.) en el sudeste de Babilonia en el río Quebar (Ezeq. 1:1).

El período de tiempo cubierto por el libro de Daniel se ex­tiende de 605 a. C. a 165 a. C.

Su carácter:

Era hombre grande en sabiduría (1:17), en integridad y cortesía (1:8, 9,11,13), y en oración (2:18 y sig.; 6:10; 9:3 y sig.; 10:12).

Era compañero de reyes, un gran estadista y consejero, un gran líder y protector de su pue­blo.

Era estadista, pero también profeta.

Subió de esclavo a estadista de primer rango.

Era hombre humilde y modesto (2:28-30), de justicia y valor (1:8 y sig., Ezeq. 14:14,20), y de capacidad y autoridad (1:20; 2:48,49; 6:1-3).

Al mismo tiempo era hombre considerado (2:49).

No solamente era hombre grande en la tierra, sino también considerado así en el cielo (9:23; 10:11,19).

Otras palabras que describen el carácter de este hombre de Dios son: preeminencia (1:20), propósito (1:8), poder (2:48; 6:2), oración (6:10; 9:1 y sig.), principio (6:23), e inocencia (6:22).

Su tarea:

Dios usó a Daniel para la interpretación de sueños, señales y visiones.

Dios le usó para que sirviera de oficial en la corte de Babilonia y de los reyes medo-persas.

En cada tarea, Daniel se portó con fidelidad e integridad.

El fue instrumento de Dios en Babilonia para mantener el honor de Dios en esa tierra ajena, y para registrar las revelaciones de Dios tocante al futuro con respecto al reino de Dios.

Durante gran parte de su vida, cuenta el libro homónimo, Daniel recibió diversas visiones apocalípticas que anunciaban, por medio de símbolos y claves numéricas, la instauración del Reino de Dios sobre la tierra.

Daniel recibió dos visiones durante el primer y el tercer año de Beltasar.

Diferentes animales representaron en estas visiones a las potencias mundiales que se irían sucediendo hasta el tiempo en que serían destruidas y se daría la gobernación celestial a alguien como un hijo del hombre. (Da 7:11-14.).

La narración bíblica dice que en el primer año del mencionado Rey Darío, Daniel discernió en los escritos de Jeremías que se aproximaba el fin de los setenta años de desolación de Jerusalén.

Recibió entonces, según el hagiógrafo, una revelación transmitida por medio de Gabriel donde se anunciaba la reconstrucción de la ciudad, la muerte de un Ungido (Mesías) y el cumplimiento de todas las profecías.

Más tarde, siempre a tenor del libro bíblico, cuando corría el tercer año de Ciro (536), Daniel recibió nuevas visiones apocalípticas donde se le muestra a los ángeles protectores de Persia, Javán (Grecia) e Israel contendiendo en favor de sus respectivas naciones.

También se le anuncian invasiones y guerras en la tierra de Israel, protagonizadas por personajes enigmáticos designados como el rey del norte y el rey del sur, posiblemente algunos de los soberanos helenísticos.

La profecía mas revelante e importante de Daniel es la profecia de los 2.300 tardes y mañanas (2.300 AÑOS), los cuales era el tiempo que trascurriria para la venida de Cristo en su segunda venida, recordandose que la primera venida fue para salvar a la humanidad del mal y de sus pecados; y la segunda venida para reconstruir y purificar a la humanidad (El Santuario).

Daniel ha sido una figura muy importante en la tradición cristiana en razón de mencionada Profecía de las Semanas que anunciaría, según algunos teólogos, con exactitud el nacimiento y la muerte de Jesucristo.

Acerca de la muerte de Daniel no existen testimonios bíblicos y las tradiciones posteriores no aclaran si regresó al territorio de Judea o permaneció en Mesopotamia, pero esto último parece lo más seguro.

Dado que aún vivía durante el reinado de Ciro (que comienza en Babilionia en 539 a. C..) es posible que alcanzara una edad centenaria; su muerte se sitúa, entonces, entre el tercer año del soberano persa, es decir hacia 536 a. C. y el 530 a.C cuando muere el propio Ciro, ya que no se menciona su presencia en tiempos de Cambises.

Es muy probable que su muerte tuviera lugar en Babilonia pero, dado que su tumba se veneraba en Susa, algunos autores se inclinan por esta última ciudad.

Existen al menos seis lugares diferentes que pretenden poseer la tumba de Daniel, a saber:

1.- Babilonia, en el actual Irak.

2.- Susa, Irán.

3.- Kirkuk, Kurdistán iraquí.

4.- Samarcanda, Uzbekistán.

5.- Muqdadiyah, Irak.

6.- Mala Amir, Kurdistán iraní.

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PROFECÍA DE JESUCRISTO

SERMÓN DEL MONTE DE LOS OLIVOS

MATEO, CAPITULO 24:

Y sentado él en El Monte de los Olivos, llegaron a él los discípulos aparte diciendo: Dinos, ¿cuándo serán estás cosas, y qué señal habrá de tu venida y del fin del mundo?

Y respondiendo Jesús, les dijo: Miren, que nadie los engañe.

Y oirán hablar de guerras, y rumores de guerras: mirad no se alarmen, porque es menester que todo esto acontezca, mas no es todavía el fin.

Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y habrá pestilencias, y hambres, y terremotos en diversos lugares, más todo esto es solo principio de dolores.

Entonces los entregarán para ser afligidos, y los matarán, y serán aborrecidos por todas las gentes por causa de mi nombre.

Muchos entonces serán escandalizados, y unos a otros se harán traición y se aborrecerán.

Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, por testimonio a todos los Gentiles, y entonces vendrá el fin.

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APOCALIPSIS:

Apocalipsis.Cap.XI.[3] Yo enviaré a mis dos testigos vestidos con ropa de penitencia, para que proclamen mi palabra durante mil doscientos sesenta días.

Apocalipsis.Cap.XI.[4] Estos son los dos olivos y dos candeleros que están ante el Dueño de la tierra.

Apocalipsis.Cap.XI.[5] Si alguien intenta hacerles mal, saldrá de su boca fuego y devorará a sus enemigos; así perecerá el que intente maltratarlos.»

Apocalipsis.Cap.XI.[6] Tienen poder para cerrar el cielo y que no caiga lluvia mientras dure su misión profética; tienen también poder para convertir las aguas en sangre y castigar la tierra con toda clase de plagas siempre que quieran.

Apocalipsis.Cap.XI.[7] Cuando hayan concluido su misión, la bestia que sube del abismo les hará la guerra, los vencerá y los matará.

Apocalipsis.Cap.XI.[8] Y sus cadáveres yacerán en las plazas de la Gran Ciudad, que se llama místicamente Sodoma o Egipto, donde así mismo el señor fue crucificado.

Apocalipsis.Cap.XI.[9] Y durante tres días y medio, gente de todos los pueblos, razas, lenguas y naciones contemplan sus cadáveres, pues no está permitido sepultarlos.

Apocalipsis.Cap.XI.[10] Los habitantes de la tierra se alegran y se felicitan por ello, y se intercambian regalos, porque estos dos profetas eran para ellos un tormento.

Apocalipsis.Cap.XI.[11] Pero pasados los tres días y medio, un espíritu de vida procedente de Dios entró en ellos; se pusieron de pie, lo que provocó gran espanto entre los mirones.

Apocalipsis.Cap.XI.[12] Entonces una voz poderosa les gritó desde el cielo: «Suban.» Y subieron al cielo en medio de la nube, a la vista de sus enemigos.

Apocalipsis.Cap.XI.[13] En ese momento se produjo un violento terremoto y se derrumbó la décima parte de la ciudad, pereciendo en el cataclismo siete mil personas.