Mi Testimonio

Estimado lector, me dirijo a ti para exponerte mi experiencia personal en el conocimiento de Dios. La intención de esta misiva es hacerte partícipe de lo que Dios ha hecho conmigo y que te pueda servir para que, verdaderamente, conozcas a Dios, si es que todavía no lo has hecho.

Comienzo:

Depende de nosotros, pues es una cuestión propia, el dar el primer paso para buscar a Dios y darle sentido a nuestra existencia, pues cada uno de nosotros tiene unas circunstancias personales y religiosas, que influyen en la manera de entender a Dios. Pero verdaderamente lo que importa es aceptar el Evangelio de Cristo en ti: "Señores, ¿qué debo hacer para ser salvo? Ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa." (Hechos 16.30-31). Creer en Cristo es creer en su Evangelio. La mayoría de la gente dice que cree en el Evangelio, pero ¿en qué Evangelio cree?.

Yo era católico, pero me dí cuenta que el Dios en el que yo creía no era exactamente igual que el de las Escrituras. Puesto que la Biblia es la Palabra de Dios, comencé a leerla para conocerlo a Él. Cuando una persona me habló de Cristo, pensé que era más de lo mismo, otro que venía de nuevo a darme una clase de religión y pensaba que ya había tenido suficiente con mis 12 años de convivencia en un colegio católico. Pero para mi sorpresa, de lo que me hablaba era de un Jesucristo distinto al que siempre me habían presentado, opuesto a las creencias y doctrinas católicas, pero que estaba fundamentado en las Escrituras.

Las contradicciones entre lo que este hombre me decía, fundamentado en la Biblia, en mi Biblia, olvidada y nunca leída, que permanecía guardada en una estantería de mi habitación, y la doctrina católica eran enormes. La doctrina que desde pequeño me habían inculcado en mi familia y en mi educación religiosa - cristiana, resultaba totalmente distinta a las Escrituras. En este punto me tuve que hacer la siguiente pregunta: ¿si el Espíritu Santo iluminó a los escritores de los distintos libros de la Biblia, por qué son tan distintas a la doctrina católica?. La respuesta era simple: alguien está mintiendo. Me di cuenta, con el transcurso de mucho tiempo, años diría, que no conocía a Cristo y encontré, por mi mismo, esas diferencias abismales, hallando el camino para el verdadero Cristo, el de la Palabra de Dios.

En la situación en la que vivía, estaba seguro que no importaba lo que hiciera, que Cristo ya me perdonaría. Pero desgraciadamente no era así y debía dar un importante paso, el mayor diría, para el hombre en la vida, para conseguir el único fin de nuestra existencia: OBTENER LA SALVACIÓN.

Este paso se fundamenta en dos bases: El conocimiento de Dios y en la negación de uno mismo. Intentaré explicarme lo mejor posible.

El primer punto, el Conocimiento de Dios, es una perogrullada, es decir, una cuestión básica. Pero ¿cómo puedo hacerlo?. Solo existe una manera: LA LECTURA DE LAS ESCRITURAS. Sólo con la lectura diaria de las Escrituras se puede, poco a poco, ir conociéndole, acercándote a Él. Para que la lectura no sea como la de una novela, es decir, quedándote sólo en la letra, sin comprender su sentido, se ha de requerir una petición directa y sincera al Padre, para que sea levantado el velo que se tiene ante los ojos, que te impide ver el sentir espiritual que se desprende de la Palabra, para que no te ocurra como a los que le hablaba Jesús en parábolas, que se quedaban sin comprenderle: "Mas los ojos de ellos estaban velados, para que no le conociesen" (Lucas 24.16). Has de pedirle ENTENDIMIENTO, así de simple, eso si, de sincero corazón, pues Él ve en nuestros corazones: "mas Dios conoce vuestros corazones" (Lucas 16.15). Si Dios encuentra en tu corazón la inquietud de conocerle, en verdad, no dudes que te abrirá las puertas del Entendimiento, para que le vayas comprendiendo por ti mismo, sin que nadie haya de enseñarte nada. Si no has empezado a leer su Palabra, te recomendaría que comenzases tu lectura por los Evangelios.

El otro punto, es la NEGACIÓN DE UNO MISMO. ¿Qué es esto de negarse a si mismo?. Cristo ya lo dice en Juan capítulo 3: "Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él. Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna".

Aquí Jesucristo nos pide que volvamos a nacer, es decir, que demos muerte a la naturaleza carnal, para adquirir una nueva naturaleza, espiritual, que es la que comprenderá los misterios de Dios.

Para comprender el sentido de lo que Cristo pide de nosotros, existe una cita que creo te sonará: "Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de la justicia" (Romanos 8.10), es decir, muerto estoy al pecado, mas Cristo vive en mi. Este pasaje tiene su aclaración un poquito antes: "Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte" (Romanos 8.2). ¿Establece Pablo 2 tipos de Leyes?. No, es la misma, la Ley de Dios, pero el hombre no puede cumplirla, aunque es buena y establecida por Dios, el hombre cae en el pecado, pues es imposible que cumplamos todos los mandamientos, pues el único que la ha cumplido es Cristo. Recuerda que el que esté libre de pecado que tire la primera piedra y Él se quedó sólo con la adúltera.

Recapitulando, si es imposible cumplir la totalidad de la Ley, ¿qué pasa con nosotros?: "Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos." (Santiago 2.10). Es decir, que somos culpables ante Dios, pues no podemos cumplir la Ley, que a la verdad es perfecta. Por lo tanto nuestro castigo es: LA MUERTE. "De manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. ¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? En ninguna manera; sino que el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso." (Romanos 7.12-13).

¿Por qué no podemos cumplir la Ley?, la respuesta es clara: somos humanos y, por lo tanto, no somos perfectos. Pero ¿no nos hizo Dios a su imagen y semejanza?, ¿Dios no es perfecto?. Es ahí donde se encuentra el eje del problema; Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, es decir, de una naturaleza no pecaminosa y espiritual, pero al hombre le dio una compañera, el alma, que no es perfecta. Ésta, representada por Eva, escucha a la carne, a la razón humana que, usada por Satanás, hace caer en la trampa del maligno e intenta llegar a tener la misma sabiduría de Dios por medio de la razón, de su consciencia, por eso come del Árbol prohibido, el del CONOCIMIENTO DEL BIEN Y DEL MAL. Pero el Señor ya nos advierte: "mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás." (Génesis 2.17). Pero el hombre, el espíritu del hombre, come, por mano de la mujer, de la razón, a su vez tentado por Satanás. El hombre quiere alcanzar el conocimiento de Dios a través de su propia ciencia; juzga lo que es bueno o lo que es malo, se justifica ante Dios por sus buenas obras y, por ese camino no va a Dios. Son caminos paralelos, aunque vayan muy cercanos nunca se encontrarán.

Por muy bueno y por muy buenas obras que hagas en el mundo, si te han hablado de Cristo y conoces su Evangelio, no puedes justificarte en tus buenas obras, pues éstas no te justifican ante Dios.

Dios nos pide que tengamos FE en Él para que con esto obtengamos la vida eterna, pues por eso entregó a su Hijo, a Cristo, en Sacrificio, para que nos diésemos cuenta que no podemos cumplir la Ley y que el único que la pudo cumplir era Él, Dios hecho hombre. Pero debemos presentar ante Dios buenas obras. ¿Pero que clase de obras nos justifican ante Él?. Te pido que reflexiones conmigo el siguiente pasaje de la epístola de Santiago Cap. 2 Vers. 14-21:

"Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras? ¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta?"

Hasta aquí se podría pensar que Santiago se está refiriendo a las obras del mundo, las que bajo nuestra conciencia podemos considerar como buenas, pero el pasaje continúa:

"¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras?"

Es decir, que la única obra que hizo Abraham para ser considerado justo era la FE en que Dios le devolvería a su hijo si él se lo ofrecía en sacrificio. Este sacrificio era lo más importante que él tenía, su hijo, en el cual Dios le hizo la promesa de su descendencia. Por lo tanto, las únicas obras buenas que podemos presentar ante Dios es nuestra FE ciega en Cristo.

Yo se que recuerdas los pasajes donde Abraham ofreció el Sacrificio a Dios. Me gustaría que lo vieras desde una perspectiva distinta, más espiritual: A Abraham, hombre de Dios, le pide Éste que le ofrezca a su hijo en sacrificio, lo que él más quería, es decir, le pide que ofrezca su propia vida, pues en Isaac, su hijo, vería su descendencia. Abraham no lo duda, levanta el cuchillo con la intención de ofrecerle el sacrificio de sangre a Dios, cuando Éste le para, pues ha visto su corazón y esto le agradó. Abraham ofrece su propia vida a Dios. Pero es necesario un sacrificio, entonces Dios le provee de un carnero, el cual será sacrificado en sustitución de su hijo y éste representa a CRISTO.

Es el Padre, el que nos ofrece lo que más quiere, tal y como hizo Abraham, para que cargue con nuestras culpas, evitándonos así una muerte segura. Es así como el Sacrificio de Cristo tiene sentido: "se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado." (Hebreos 9.26).

Dios tiene misericordia de nosotros y Él ofreció a su hijo, a Cristo, también por ti: "Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." (Juan 3.16).

Es necesario que te des cuenta que por ti mismo no puedes alcanzar la Salvación, y es necesario que le des el sentido a lo que nos pide Cristo: "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios." (Juan 3.3)

Una vez que le dí sentido en mi vida al Sacrificio que Cristo ha hecho por nosotros, me puedo considerar hijo de Dios, tal y como expresa Pedro: "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia." (1ª de Pedro 2.9-10).

Es ahora, cuando me puedo considerar sacerdote del Dios Altísimo, cumpliendo el Nuevo Mandamiento que Cristo nos dejó, un Mandamiento de Amor, amando a mi prójimo como a mi mismo: "Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando." (Juan 15.12-14)

Que el Señor te bendiga.